Siempre con la cabeza gacha,
siempre con la mirada ida.
Siempre el alma desolada,
siempre la vida destruida.
La habitación se empequeñece
día tras día,
y las manos se retuercen,
sudorosas y frías.
Vivo en las penumbras de una casa desconocida,
donde la noche se ha vuelto eterna.
Despierto, sueño y lloro;
dormido, añoro la alegría.
Siento mil heridas abiertas,
y ninguna me duele
tanto como yo querría.
¡Ah! Maldito sufrimiento que me embarga.
Maldito dolor de todos mis huesos,
que me dicen que aún sigo vivo,
y que pronto estaré muerto.
El tiempo se arrastra lento,
como un gusano en la herida,
y cada hora que pasa
es un siglo de agonía.
Las sombras me susurran
secretos que no quiero oír,
historias de un pasado
que no puedo repetir.
El eco de mis pasos
resuena en la oscuridad,
y cada vez que avanzo
me hundo en la eternidad.
No hay luz en este abismo,
no hay aire que respirar,
solo el frío que me abraza
y el miedo de despertar.
Pero en lo más profundo,
donde el silencio es canción,
siento que algo me llama
con tenue resplandor.
¿Será acaso la esperanza,
o solo un espejismo más?
¿O será que en este pozo
he encontrado mi verdad?
Este trabajo está licenciado bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.
Si tienes algún comentario, no dudes comunicarte conmigo en mi cuenta de Mastodon luisgarciareal@social.politicaconciencia.org.